Gala y su fobia a las agujas

Gala estaba preocupada porque en un mes debían hacerle las pruebas preparatorias para someterse a una operación. No le preocupaba la operación en sí, al menos, no más que a cualquier otra persona. Lo que le preocupaba era su reacción ante las agujas. Gala sabía que lo que le pasaba era totalmente irracional y que su respuesta a ello era totalmente desproporcionada. Sin embargo, por más que lo intentara no lograba superar su pavor a las agujas.


Su miedo ya se dejó entrever a temprana edad. Lo cual ya es un indicativo de que era algo totalmente inconsciente. Cuando en la escuela tocaba día de vacunación, ella fingía haberse olvidado la cartilla en casa para no tener que pasar por ello. No podía ver las agujas. Ni siquiera podía pensar o hablar de ellas. Le entraba tal pánico que tenía que girar la cabeza para mirar hacia otro lado y ponerse a pensar en otras cosas.

Los padres de Gala, sus médicos y enfermeras intentaron hacerle razonar para que comprendiera que no le iba a pasar nada por ponerse una inyección. Lo intentaron una y otra vez, pero sin éxito. No había nada que a Gala le diera tanto miedo y malestar. No podía por más que evitar a toda costa las agujas, vacunas, y análisis de sangre.


La fobia a las agujas acompañó a Gala hasta la edad adulta. Ahora su fobia estaba más asentada en ella que nunca. No solo le provocaban una reacción mental, sino también física. Mentalmente llegó a aceptar que era necesario vacunarse o hacerse análisis. No obstante, las reacciones pasaron a ser físicas. Las citas con las agujas representaban para ella un terrible acontecimiento lleno de dolor. Cuando le clavaban la aguja, al principio no pasaba nada y, de repente, empezaba a sentir sudores fríos, nervios, sensación de querer salir corriendo, de no poder más, de que su cuerpo le exigía reaccionar y ... ¡pam! Se desplomaba cayendo al suelo inconsciente. Al despertar pensaba “¡otra vez!”.



Estaba desesperada, pues algo tan insignificante como un pinchazo le condicionaba el día entero. Durante las horas previas estaría nerviosa y, llegado el momento, avisaría a los de su alrededor acerca de sus reacciones ante las agujas. Por más que intentara apaciguar su estado de pánico y trabajar mentalmente, convenciéndose de que no tenía por qué tener miedo, seguía pasando lo mismo, una y otra vez, siempre igual.


Estaba claro que Gala necesitaba ayuda para buscar el origen de su fobia y liberarse de ella. Así que cuando llegó a mi consulta y, tras hablar del tema, le pedí permiso para acceder a su mente subconsciente y empezamos a trabajar en ello.


Lo primero que descubrimos fueron varios bloqueos emocionales provocados por algunas experiencias desagradables con las agujas a lo largo de su vida; al nacer, a los 10 años, a los 11 años y a los 18 años. Ahora Gala es una joven de 25 años. Todas ellas eran experiencias desagradables con las agujas excepto la de los 11 años. Lo que le pasó fue que se clavó una astilla en un dedo y le quedó totalmente sumergida en las capas más profundas de su piel. Su mente subconsciente interpretaba este pinchazo como el pinchazo de una aguja. La sensación y la reacción debía ser la misma.


La función más importante de nuestra mente subconsciente es protegernos y preservar nuestra vida a toda costa. En el caso de Gala, habíamos descubierto momentos muy cruciales en su vida relacionados con su fobia, sin embargo, ninguno de ellos parecía ser el origen. Así que, seguí a mi intuición y seguí indagando.



Y, ciertamente, dimos con el origen de su fobia. Lo hicimos a través del hallazgo de tres traumas de una vida pasada; incapacidad, frustración y pérdida. En esta vida, fue una mujer que, a la avanzada edad de 92 años, le tocó vivir la muerte de su hijo por sobredosis. Le tocó ver cómo se moría tras inyectarse más droga de la que su cuerpo pudo soportar y ella no pudo hacer nada, sintiendo gran frustración y acabando por perder a su hijo. Eso explicaba todo su pavor a las agujas. Y, sobretodo, su reacción posterior a la inyección. Gala solía tener todas las reacciones físicas después de recibir la inyección. Para su mente subconsciente la inyección con la aguja era igual a la muerte. Debo recordar, en este punto, que la mente subconsciente hace este tipo de cosas. No es como la mente consciente que discierne, deduce y analiza. Cuando el patrón de una nueva experiencia se asemeja a un patrón almacenado que nos hizo sufrir, la mente subconsciente reacciona automáticamente para que no tengamos que volver a pasar por ello.


Estaba claro que habíamos dado con el origen de su fobia y la habíamos liberado. Sin embargo, aún debíamos trabajar la parte consciente, pués sus reacciones se habían convertido en un hábito muy persistente. Para ello usé una técnica de PNL (Programación Neuro Lingüística) con la cual anclar la sensación tener una buena experiencia en su próxima sesión con las agujas.


Estas son las palabras de Gala tras semanas de nuestro trabajo en conjunto: “Después de haber trabajado mi fobia con María, ya no me pongo nerviosa al pensar en las agujas. Sé que las agujas son una herramienta que me pueden ayudar a curar o prevenir enfermedades. Ahora afronto la operación a la que me tengo que someter con ánimo, serenidad y seguridad. Cuesta creer que algo que tenía tan arraigado se haya despegado de mí. Eso es lo que siento. Ahora, puedo decir que ya no tengo ningún miedo a las agujas”.


Ayudar a eliminar fobias es uno de los trabajos más agradecidos ya que, normalmente, el efecto suele ser casi inmediato. La persona siente una alivio increíble que le hace sentirse empoderada de nuevo o, en ocasiones, por primera vez en su vida.



Más historias: www.coachmariacodina.com/blog

María Codina: www.coachmariacodina.com/sobre-mi

The PARC Method (TPM): www.coachmariacodina.com/the-parc-method





Copyright 2019 María Codina | Todos los derechos reservados

  • Facebook
  • Instagram
  • Twitter
  • YouTube
  • LinkedIn Social Icon